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19 octubre 2005

Comentarios

Roberto Zucco

Y fíjate lo que es la vida. Una de las cosas que me hizo adivinar que detrás de tu nombre blogero había un corazón gemelo fue descubrir tu enlace con la página de Eduardo Haro. Qué cosas. Ese beso aplazado.

juan re

la raza de escritores se extingue
un saludo

juan re

Chusbg

Yo desde siempre abría el periódico por la última página, a ver lo que tiene don Eduardo para sorprendernos hoy, me decía, los domingos no me lo perdía en a vivir que son dos días, es cierto se ha ido pero yo todavía no lo asimilo, para mi siempre fue y sera el Maestro.
Un saludo

Gatopardo

Un abrazo, Dama, y espero que no dejemos de pasear por los escritos de Haro Tecglen, a ver qué opina de esto y de lo otro, como siempre.

Ernesto

He crecido (en todos los sentidos) en su estela, desde los lejanos tiempos de "Triunfo". Parecía mentira que alguna vez fuese a dejarnos, tan unido ya a nuestra vida y a tantos afanes compartidos. Parecía mentira, porque lo era. Es mentira que nos deje. Y no es retórica. Los hombres como él - lo he dicho ya en su blog esta tarde - no acaban de irse nunca: somos muchos los que nos ocuparemos de que su memoria, su pensamiento y su "estilo" perduren. Los hombres como él, no mueren: se siembran.

Ojalá que él (y yo) estemos equivocados y, más allá, en alguna parte, estén ahora Manolo y Eduardo poniéndose al día, repanchingados en una nube, mientras Carvalho les prepara un suquet sobre receta de Amanda.

(Qué raro va a ser todo sin su voz cotidiana. Con la falta que nos hacía ahora, precisamente ahora).

amanda

El otoño, de nuevo, viene plagado de adioses, como tú dices. También en otoño se nos murió Manolo, y a los dos los echaremos de menos. Aunque, siempre, nos quedarán sus palabras.

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