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09 noviembre 2005

Comentarios

Odalys

Te dejo un fuerte abrazo. Confiemos en que incluso en invierno es posible que nos nazca en el pecho aunque sea un poquito de primavera. Que descansen sus cuerpos y sus sonrisas no se borren del recuerdo.

Roberto Zucco

No tengo palabras, en esta ocasión al menos. Pero hay una: la palabra otoño. Otoño: época terrible, casi siempre, que nos deja más solos, más huérfanos. Se caen las hojas y se mueren los amigos.
Pero aquí estamos las personas que nos queremos.

Brisa

Y a veces ni siquiera se puede decir nada más bello que el silencio... después de leer tus palabras. Besos.

Ernesto

Qué hermosa entrada y qué placer releer los textos que enlazas desde ella. Qué guapa eres (no se me ocurre otra forma de decirlo, alma grande). Qué mar de ternura. Qué miedo que la melancolía, nuestra común amiga, acampe demasiado tiempo en tu pecho y te destiña el corazón (no lo permitas). Cuánto hay que quererte, sin remedio. (Las palabras, estos días, no me vienen. Estoy abandonado. Mudo. Pero decirte esto, ya ves, me ha salido solo). Un abrazo fuerte.

Grial

Que preciosidad.....
Coincido con Chusbq me encanta oir o leer el gallego..tiene una sonoridad especial.
Un beso :)

amanda

Precioso homenaje.
Las palabras vienen cuando quieren.
Un beso.

Chusbg

Como le digo a muralla cuando escribe algo en gallego, suena a campanillas, se entiende bastante bien.
Me gustaría decirte que el primer párrafo lo entiendo de maravilla, cuando uno quiere escribir algo hay veces que sin querer y en un momento llenas un folio y luego casi no tienes que borrar nada, otras en cambio puedes tener todo el tiempo del mundo, todas las ganas que quieras que las palabras no salen o lo que sale es tan forzado que hay que borrarlo casi todo.
Por cierto a propósito de esto el otro día lei que se explicaba un señor que había propiciado una ley para que los tartamudos no fuesen discriminados y exponía que estas personas oyen muy bien y que su cerebro capta muy bien las palabras pero que, después, a la hora de decirlas les era imposible porque esas palabras se enredaban de alguna manera en el laberinto neuronal y era imposible para ellos encontrarlas a su debido tiempo y que por eso no podían hablar seguido. Sé que es un detalle muy prágmatico ante la sensibilidad de lo que escribió Victor F. Freixanes y tu nos descubres pero espero que me perdones el haber sido un poco prágmatico.
Un saludo

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