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06 abril 2006

Una flecha encantada

Juntos

Para Ernesto, desde la Amistad, desde la ilusión permanente de un nuevo comienzo, desde mi cariño de siempre.

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"Un regalo no tiene que ser, por fuerza, un objeto que se compra. También puede ser algo que sea únicamente para la vista del testigo. Algo hecho para recordar y no para poseer"

(Carlos Castaneda - El don del águila)

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Cuando entró en la habitación sintió frío, dentro y fuera de su cuerpo, como si una nube de tormenta se hubiera instalado en su piel y en su corazón. No quiso hacerle caso y se acercó al radiador de la calefacción,  subió el mando hasta el máximo y se sentó en la cama. Con amoroso cuidado sacó su libreta del bolso y su pluma favorita, recordando la promesa que le había hecho a Ernesto de escribir algo para él en este viaje.

Una hora después la página de la libreta seguía en blanco mientras ella sonreía. Allí estaba, recordando los hermosos regalos envueltos en palabras que se habían enviado el uno al otro en los últimos meses, los cercanos abrazos que desde la distancia exterior habían traspasado caminos estelares hasta llegar a sus corazones, las caricias que, lejos de quedarse en la superficie, habían conseguido instalarse en sus almas y provocar en su interior una ternura infinita.

Sus ojos, los de los dos, eran y son oscuros como la noche, con una especial belleza que nada tiene que ver con los cánones al uso. Son ojos llenos de vida y, por tanto, plagados de sueños imposibles, de batallas perdidas que merecerían ser ganadas, de sonrisas abiertas y francas, y de una melancolía que permanece en ellos ya para siempre.

Seguramente compartieron calles, lugares, pensamientos, sueños, mucho antes de saber que se conocían, que ya habían compartido algún lugar en sus corazones, en alguna otra vida, en algún otro plano de la realidad, en algún otro universo. Seguramente sus sueños habitaron lugares comunes, sus soledades compartieron ausencias, sus lágrimas lloraron el mismo dolor.

Nacieron el mismo año, son fruto probablemente de la misma distancia insalvable que aúna los cuerpos y procrea soledades. Ambos supieron con la primera bocanada de aire que su estirpe terminaba allí, en ese mismo instante aislado de todo tiempo, de todo sentido, en ese mismo instante en que, una vez más, nacían a este mundo. La piel de él se vistió de oscuro al nacer; la de ella adornó su blancura con estrellas del color de la miel.

Sus sonrisas, las de los dos, no son un gesto, un rictus automático, sino un sentimiento, una expresión nacida desde ese interior que tanto sabe de luchas y tristezas, de aprender tras la ventana de las lágrimas calladas. Sus sonrisas son francas, alegres, sensatas, con ese deje de melancolía que demuestra que saben que vivir no es ni mucho menos lo mejor que puede ocurrirnos a los seres humanos.

Sonreía mientras volaba sobre cumbres nevadas y nubes que le recordaban el algodón de azúcar de su infancia. Y supo que en cuanto llegara le contaría a Ernesto todo lo que no había escrito en su libreta, todo lo que llenó su corazón mientras le recordaba, todas las palabras que una vez más rodearon su abrazo.

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Foto aquí

Escuchando: Enya - A moment lost.wma

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Comentarios

Te coji una foto espero qeu no te importe

Feliz Año Nuevo

Hoy, 2 de octubre de 2006, zarpó de puerto desconocido una embarcación sin bandera que la identifique: SHANGRI-LA. DERIVAS Y FICCIONES APARTE.

Uy, uy, que estás de nuevo al cabo de tu blog... Por de pronto, veo que has hecho pequeñas reformas en tu casa. Tengo ganas de leerte, amiga.

(Aunque no sé si tu aparición, que tanto me alegra, lleva aparejado algo mucho más triste).

En todo caso, un beso.

Maravilloso, extraordinario.
Que lo compartido sea eterno, que la amistad siga inundando el mundo como Iris lo logra, es lo único que lo salva.

Merche.-

¿Dónde andas, amiga?

Te echamos de menos.

Qué cosa esta de estar compartiendo cosas habituales con alguien sin saber que lo estáis haciendo casi codo con codo o en los mismos lugares, ¿verdad? La Dama es mucha Dama. Y Ernesto es mucho Ernesto. ¡Menudo tándem!

Besos, muchos besos. Calamity.

Ah, inefable Dama, sueño etéreo, inasible. Siempre ahí, al filo de los corazones.

Los demás, siempre tuyos.

Un beso.

Es que, Ernesto, La Dama del Arco es La Dama del Arco, la mejor de la red. Yo también lo sé.çRoberto.

Revisitar ahora, hoy, con mi mirada de jueves, este texto de domingo con aroma a churros que sentiste hace algún tiempo, ha sido lo mejor que me ha pasado en el último lustro (y me quedo corto). Lo que me inunda y se me sale a borbotones por los poros, se llama alegría. Y gratitud (¿lo merezco?). ¡Qué gran regalo, A.! (me refiero a mucho más que este precioso texto, aunque también a él). ¡Qué vergüenza me da que me digas todo esto en público!. ¿Cómo se te ocurre?. Hecho un acerico me tienes, con este montón de flechas (afecto, ternura, comprensión, delicadeza... ¡amistad!, sí, eso es...)clavaditas en el pecho a la vista de todos. "Ecce homo". ¡Ay!. (Qué tormento tan dulce, sin embargo). Mar de besos.

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