Una flecha dirigida
A mis flechas dirigidas he de añadir ahora un nuevo lugar, o mejor dicho dos: Belesende y Riojuan.
Desde que nací he oído a mi madre hablar de esos dos lugares, su casa, su infancia, su vida, la única que ella recordaba en ese espacio infinito de memoria en el que navegaba su mente en los últimos años.
Comprendo que soñara con ellos, que quisiera regresar a ellos y descansar allí. La primera foto es "su cementerio", allí donde están ahora sus cenizas rodeadas del verde esmeralda de los campos que ella añoraba, bajo el cielo del más hermoso azul que unos ojos pueden contemplar. La segunda foto es "su casa", la casa donde nació, donde creció y a donde regresaba en sus noches infinitas, en sus sueños, en sus añoranzas, la casa donde su memoria y su recuerdo viven ya para siempre.
La primera vez que el médico le hizo pruebas para saber si su mente navegaba por algún camino perdido, le dijo que escribiera cualquier palabra, la que ella quisiera. La recuerdo cogiendo el bolígrafo y con una mirada infinita, con una caligrafía lenta y cuidadosa, escribiendo una sola palabra: Belesende.
Comprendo que quisiera regresar a ese lugar del que jamás se marchó del todo. Su alma, su ser esencial vivió allí siempre, vive allí para siempre. Al pisar aquella tierra, al mirar alrededor, al respirar su aire, también mis entrañas supieron que una parte de mí nació allí y vive también en aquel lugar para siempre.
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Escuchando a Eva Cassidy Imagine


