A mi Dama Pilar, mi madre, que murió el 15 de octubre.
Éste es el texto que leí en su funeral, justo antes de despedirla con esta hermosísima música:(Concierto de Aranjuez-Carlos Núñez)
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Hace algunos años escribí unas palabras en la muerte de un amigo. A mi madre le gustaron y me preguntó si escribiría algo para ella cuando muriera. Le prometí que así sería y aquí estoy cumpliendo mi promesa.
Es difícil, muy difícil escoger las palabras precisas para hablar de alguien tan especial en mi vida, así que intentaré explicaros algunos de los múltiples regalos con los que mi madre me obsequió desde antes de nacer incluso: su valentía, su entrega y su generosidad.
Todos los seres entregados son generosos y mi madre también. La recordaré siempre entregada a sus seres más queridos, viviendo por ellos, para ellos, a través de ellos, de nosotros. La recordaré siempre cuidando a sus enfermos, enseñándonos a hacerlo, mostrándonos que, además de cuidados, un enfermo necesita cariño y compañía, saber que no está solo en su enfermedad.
La recordaré siempre defendiendo a su gente, orgullosa de sus hijas más allá de lo comprensible, diciéndonos que la envidia y la ingratitud son los peores defectos. La recordaré también generosa hasta lo indecible, acompañando a la niña de siete años que era yo entonces, a los columpios a las ocho de la mañana, con una niebla como sólo la hay en Galicia, porque era la única hora en la que no había cola.
La recordaré siempre preocupándose por los suyos más que por ella misma, incluso en estos últimos meses, cuando en ocasiones apenas podía reconocernos.
"Nadie debería llegar a viejo", decía ella siempre, ella que fue siempre una viejecita hermosa, presumida, envidiada, aparentando muchos menos años de los que tenía. Tal vez lo decía porque sabía (con esa intuición que siempre tuvo) que la esperaba una larguísima agonía, en la que, de nuevo, nos daría a todos una lección de fortaleza.
Fue fuerte siempre, hasta ahora mismo. Fue generosa y valiente incluso en el instante de su muerte, regalándonos una despedida dulce y cálida, como si nos estuviera diciendo, como siempre hizo: "Adiós corazón, anda con cuidado".
Ella querría que hoy os diera las gracias a todos los que estáis aquí, pero querría muy especialmente que diera las gracias a algunos seres esenciales: en primer lugar, al ser que lo aprendió todo de su entrega: mi hermana Mari, su hija Mari, que no la dejó sola ni un instante, entregando en ello mucho más que tiempo y dedicación; a mi hermana Carmiña, su hija Carmiña, que sacó lo mejor de sí misma para entregárselo a ella en un hermoso abrazo de despedida; a mi sobrina Marta, su única nieta, que vistió su corazón de sonrisas por llevar en su vientre a su biznieta Andrea, el mejor regalo que mi madre querría recibir.
Y muy especialmente también gracias a tres seres excepcionales que son nuestras hermanas paraguayas ya para siempre, y que cuidaron de nuestra madre en sus últimos años: María y Estela fueron las primeras, y Katy, nuestra queridísima Katy, fue mucho más que una hija para mi madre, cuidando de ella hasta el final.
Hemos querido que el recordatorio fuera un recordatorio de vida porque la guerrera invencible que fue la Señora Pilar fue siempre vida, siempre hacia adelante. Por ello, el recordatorio es un árbol de la vida que a ella tanto le gustaba, y nuestras palabras de agradecimiento queremos que sean hoy de despedida: "Gracias, corazón, por habernos dado algo mucho más importante que la vida, la valentía necesaria para enfrentarla".
Mamaiña querida, ha sido un honor vivir en tus entrañas, ha sido un honor vivir a tu lado.