09 abril 2008

Despedida y cierre

Cerrado1

Hace meses seguramente que debería haber puesto estas palabras, porque de hecho este espacio lleva cerrado mucho tiempo.

Hoy he comprendido que había llegado el momento de cerrar las puertas, de poner candados a este tesoro que para mí ha sido este blog durante algunos años.

El adiós a mi madre ha cambiado muchas cosas en mí y se impone también empezar una nueva etapa, tal vez un nuevo blog.

Gracias a todos los que habéis estado ahí siempre, animándome a escribir, leyéndome, compartiendo pantalla, sensaciones, sonrisas y también muchas de mis lágrimas.

Al lado del candado os dejo la llave para que entréis cuando queráis, para que os sentéis en algún recodo del camino y descanséis, para que caminéis por mi interior, por mis palabras y por mis silencios.

Gracias ahora y siempre. Hasta ahora, hasta siempre.

       

Cerrado2                   Llave_2

06 abril 2006

Una flecha encantada

Juntos

Para Ernesto, desde la Amistad, desde la ilusión permanente de un nuevo comienzo, desde mi cariño de siempre.

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"Un regalo no tiene que ser, por fuerza, un objeto que se compra. También puede ser algo que sea únicamente para la vista del testigo. Algo hecho para recordar y no para poseer"

(Carlos Castaneda - El don del águila)

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Cuando entró en la habitación sintió frío, dentro y fuera de su cuerpo, como si una nube de tormenta se hubiera instalado en su piel y en su corazón. No quiso hacerle caso y se acercó al radiador de la calefacción,  subió el mando hasta el máximo y se sentó en la cama. Con amoroso cuidado sacó su libreta del bolso y su pluma favorita, recordando la promesa que le había hecho a Ernesto de escribir algo para él en este viaje.

Una hora después la página de la libreta seguía en blanco mientras ella sonreía. Allí estaba, recordando los hermosos regalos envueltos en palabras que se habían enviado el uno al otro en los últimos meses, los cercanos abrazos que desde la distancia exterior habían traspasado caminos estelares hasta llegar a sus corazones, las caricias que, lejos de quedarse en la superficie, habían conseguido instalarse en sus almas y provocar en su interior una ternura infinita.

Sus ojos, los de los dos, eran y son oscuros como la noche, con una especial belleza que nada tiene que ver con los cánones al uso. Son ojos llenos de vida y, por tanto, plagados de sueños imposibles, de batallas perdidas que merecerían ser ganadas, de sonrisas abiertas y francas, y de una melancolía que permanece en ellos ya para siempre.

Seguramente compartieron calles, lugares, pensamientos, sueños, mucho antes de saber que se conocían, que ya habían compartido algún lugar en sus corazones, en alguna otra vida, en algún otro plano de la realidad, en algún otro universo. Seguramente sus sueños habitaron lugares comunes, sus soledades compartieron ausencias, sus lágrimas lloraron el mismo dolor.

Nacieron el mismo año, son fruto probablemente de la misma distancia insalvable que aúna los cuerpos y procrea soledades. Ambos supieron con la primera bocanada de aire que su estirpe terminaba allí, en ese mismo instante aislado de todo tiempo, de todo sentido, en ese mismo instante en que, una vez más, nacían a este mundo. La piel de él se vistió de oscuro al nacer; la de ella adornó su blancura con estrellas del color de la miel.

Sus sonrisas, las de los dos, no son un gesto, un rictus automático, sino un sentimiento, una expresión nacida desde ese interior que tanto sabe de luchas y tristezas, de aprender tras la ventana de las lágrimas calladas. Sus sonrisas son francas, alegres, sensatas, con ese deje de melancolía que demuestra que saben que vivir no es ni mucho menos lo mejor que puede ocurrirnos a los seres humanos.

Sonreía mientras volaba sobre cumbres nevadas y nubes que le recordaban el algodón de azúcar de su infancia. Y supo que en cuanto llegara le contaría a Ernesto todo lo que no había escrito en su libreta, todo lo que llenó su corazón mientras le recordaba, todas las palabras que una vez más rodearon su abrazo.

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Foto aquí

Escuchando: Enya - A moment lost.wma

11 diciembre 2005

Combate

Renunciation

Cuando el Caballero del Ojo Turquesa atravesó el horizonte del tiempo, su mirada refulgente se perdió en el Abismo de la Duda.

Cuando el Caballero de la Sombra quiso ahogar su desasosiego en el Negro Mar de la Tiniebla, su oscura mirada se perdió en el Abismo de la Duda.

Allí, en la Sima del Dolor, sus ojos, cuatro rayos como de sol incandescente, midieron sus fuerzas en amoroso combate.

El Caballero de la Sombra lanzó su luminosa oscuridad y preguntó al Caballero del Ojo Turquesa:

-          Tú, que eres la Sabiduría, ¿por qué deseas habitar en la Duda?

-          No habito en el Abismo, sólo he instalado en él mi campo de batalla.

-          ¿Contra qué objetivo van dirigidas tus armas?

-          Contra tu Oscuridad.

-          Y ¿cuál es tu recompensa?

-          Recuperar la Luz de tu Sombra. Alguien quiere que de nuevo luzcas tu estandarte.

-          Tal vez yo ame la Oscuridad y desee fundirme en ella.

-          Sólo aquel que no desea pertenecer a la Luz fracasa. Y tú le perteneces.

-          ¿Todavía me recuerda la Luz?

-          Su memoria es infinita pero aunque así no fuera, cada día sin excepción recibe plegarias en tu nombre.

-          ¿Quién es tan estúpido como para orar por mí que soy ya la Oscuridad?

-          Di mejor, ¿quién me ama tanto que eleva sus plegarias en mi nombre a pesar de que yo me complazco en enfangarme en lo que yo creo que es la Oscuridad?

-          Y bien, ¿quién me ama tanto?

-          Tus compañeros de armas.

-          ¡Mis pobres compañeros! ¿Quién si no ellos podría ser? Ni siquiera puedo recordar sus rostros.

-          Ese es el primer paso para remontar el Abismo.

-          No puedo verlos en esta Oscuridad.

-          Recuerda que he venido a ayudarte, pero necesito también tu Luz para hacerlo.

-          He perdido la Fuerza y la Paz.

-          Nada es irrecuperable. Invoca la Fuerza, mira hacia la Luz.

-          ¿Cómo hacerlo?

-          Tú sabes cómo. Recuerda cuántas veces le has hablado a tu Dama de ello. Ella está ahora defendiendo tu puesto en el campo de batalla.

-          Ya no recuerdo ese campo, ni su nombre, ni su color, ni su rostro. Pero sí recuerdo a mi Dama, mi hada celta.

-          ¿Puedes ver su rostro?

-          ¡No! Estoy en la Oscuridad, sólo puedo ver ...

-          Luego ... puedes ver algo, ¿qué es?

-          He creído ver un pequeño punto de luz.

-          Es la sonrisa del horizonte. Al otro lado está la Luz. De allí vengo. Ese es tu campo de batalla.

-          ¿Mi campo de batalla está en la Luz?

-          ¿Dónde si no? Es más difícil vivir en la Luz que en la Oscuridad. Lo sencillo, lo cómodo, lo fácil es instalarse en el Abismo y permitir que te devore lentamente. Incluso puedes ayudarle compadeciéndote de ti mismo. Y no son esas tus aspiraciones, ni son esas tus luchas, ni es este tu campo de batalla, ni la pereza y la desazón son tus armas, ni la tristeza es tu escudo, ni la compasión y el llanto tus compañeros de armas. Mírate, esto no eres tú. Tu parte más oscura ha creado este sucedáneo de ti mismo, sólo tu debilidad lo alimenta y sólo aquellos que te compadecen le complacen. ¡Mírate! Vuelve tus luminosos ojos hacia este ser oscuro y dime qué sientes.

-          Ahora estoy seguro, veo una línea de Luz.

-          Es la Línea de la Separación, la Línea del Horizonte. A un lado está la Luz, tu campo de batalla, tus compañeros de armas defendiendo tu estandarte, tus armas, tu escudo, la Fuerza. Al otro lado está la Oscuridad, paraíso del No-crecimiento, de la No-Luz, arrasado campo de batalla. Tú eliges.

-          Veo una grieta de Luz, ¿Tiene Ella un Ojo Turquesa?

-          Tengo que dejarte aquí. Por el momento mi misión ha terminado. Debo volver al Mar Turquesa, debo defender mi propio campo de batalla. Mis compañeros de armas, como los tuyos, deben estar exhaustos. Voy en su ayuda. Tal vez tú deberías hacer lo mismo.

-          Ahora puedo ver sus rostros y mi estandarte y mi escudo y la prenda que me dio mi Dama. ¿Quién es este oscuro ser que parece querer habitarme?

-          Sólo tú tienes la respuesta ahora. Nos veremos al otro lado de la Línea del Horizonte. Feliz combate.

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19 octubre 2005

Un adiós de otoño

Eduardo_haro

"Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles".

(Bertol Brecht)

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Llevo años leyéndole y admirándole. Crecí con sus batallas y no dejaba de asombrarme la sensata lucidez con la que, a sus 81 años, abordaba la realidad.

Hoy se nos ha muerto como del rayo Eduardo Haro Tecglen. Somos muchos los que echaremos de menos su columna diaria, somos muchos los que de forma recurrente regresaremos a su página para volver a encontrarnos con él, somos muchos los que seguiremos hablando de él para que perviva en la memoria futura.

El otoño, de nuevo, viene plagado de adioses. Hasta siempre, don Eduardo.

08 octubre 2005

No eres quien yo espero

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Una vez fue una niña hermosa cuya mirada parecía traspasar horizontes. Tenía una piel tatuada de belleza, una piel serena que parecía poder atrapar los más cálidos rayos de cualquier estrella, una piel sin huellas que parecía eternizar universos.

Una vez fue una adolescente guerrera cuyo arco parecía estar siempre tensado, presto a luchar cualquier batalla justa. Del alborotado mar de sus ojos se elevaban olas cuya fuerza parecía poder arrastrar cualquier obstáculo.

Una vez fue herida por el acantilado del dolor y escaló sus paredes con una fuerza que parecía propia de un ser invencible. La hasta entonces intacta gruta de su corazón parecía habitada por una voluntad sin límites.

Parecía que aquella criatura iba a ser capaz de conquistar multiversos, de caminar por encima de las aguas de la ignorancia, de recorrer con generosidad la senda de la inteligencia, de batallar con las armas de la verdad, de regar su interior con la sangre de la sinceridad.

Parecía que aquella criatura iba a ser capaz de superar las pruebas generosas que la vida le había ido ofreciendo, de alimentar su interior con el conocimiento, de manifestar sus pensamientos desde la consciencia, de ver en los demás lo mejor de sí mismos.

Hoy es una mujer con una mirada sin horizontes, con una piel tatuada de ausencias y de presencias, una piel airada con huellas de eclipses.

Hoy es una mujer cuyas batallas se limitan a la palabra, presta a enfrentar cualquier lucha exterior pero ninguna interior. Del alborotado mar de sus ojos sólo emergen tempestades que anegan cosechas.

Hoy es una mujer de lágrima fácil, complaciente consigo misma y crítica con el resto del mundo. Su corazón incontrolado hace tiempo que abandonó el camino de la voluntad.

No ha conquistado ni su propio universo, tiene la ignorancia del que se cree erudito y la osadía del que cree ser hábil con la palabra, batalla con el escudo protector de los seres que la aman, riega su interior con la sangre del miedo.

Ha derrochado el maná generoso de su entorno vital, ha confundido lectura con conocimiento, ve en los demás lo errores que se niega a sí misma, y, como todos los irreflexivos, dice hablar desde el corazón.

En una ocasión se asomó al espejo de la verdad, miró su rostro en él reflejado y vio a una mujer de piel agrietada a pesar de los afeites, vio un cuerpo que no reconoció como suyo, unos ojos que no parecían ser los que ella tanto admiraba. Volvió a mirar y vio entonces un corazón repleto de adioses, una voluntad ahogada de intentos, una vida cubierta por hojarasca de sueños.

Por un instante fugaz reconoció aquella imagen, por un instante fugaz sintió el latido de la verdad en su sangre, por un instante fugaz guardó silencio.

Y un segundo más tarde, alzó su mirada altiva y escupió unas palabras a la imagen del espejo: “No eres quien yo espero”. Y regresó a su vida, dejando atrás, de nuevo, la verdad.

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24 agosto 2005

Lágrimas de fuego

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(Fotos del monte Pindo antes y durante el fuego que arrasó sus entrañas en estos últimos días)

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Dicen que ...

"El Monte Pindo es una impresionante mole de granito rosa que se alza sobre el pueblo de O Pindo. La ascensión de dificultad media perfectamente señalizada se hace en unas dos horas y media. Durante esta subida, se pueden contemplar enormes piedras de las más variadas formas, así como especies únicas de flora y fauna. Su punto más alto, la Moa, está situado a 627 metros de altura. Desde allí, se observa una impresionante vista de toda la Ría.

Considerado Olimpo Celta, su historia está llena de leyendas de tesoros, ritos de fecundidad y sacrificios, y testigo de cultos paganos como demuestra la existencia de una inscripción de excomunión. Durante la Guerra Civil y posteriormente a la contienda, multitud de republicanos se refugiaron en él.

En el Siglo X, por orden del Obispo Sisnando, se construyó el Castillo de San Jorge en la falda del monte, para proteger las tierras de los ataques de los piratas medievales. Diversas familias nobles de Galicia fueron sus dueños hasta que fue destruido en el año 1467 por la revuelta de los Irmandiños.

La subida comienza en la parte posterior de la Iglesia de San Clemente. Allí podemos ver el panel explicativo de lo que nos espera en la subida. Comenzamos la subida, cruzando un pequeño puente sobre un riachuelo y continuamos por un camino estrecho limitado a ambos lados por hileras de piedras. Estas piedras, a la vez que subimos, se vuelven más grandes dibujando formas antropomorfas. A la derecha podemos contemplar la impresionante playa de Carnota y la aldea de Quilmas.

Hacia la mitad de la subida, aparece ante nosotros las ruinas del antiguo castillo de San Jorge, en la actualidad un montón de piedras apiñadas. La vegetación comienza a escasear y, si tenemos suerte, podemos ver manadas de caballos salvajes.

Cuando llegamos a la cumbre, el espectáculo que se nos presenta a la vista compensa todo el esfuerzo realizado: toda la ría se encuentra a nuestros pies. Desde este promontorio divisamos Cabo Finisterre, la Ría de Corcubión, la desembocadura del Xallas y las poblaciones de Carnota y Quilmas. En la inmensa mole granítica que forma la Moa podemos contemplar restos de petroglifos probablemente dedicados a la realización de ritos sagrados."

Al contemplar estos días esas llamas sangrientas devorando el monte, al pensar en posibilidad real de que sean manos humanas las que hayan provocado esas lágrimas de fuego, al ver tanto dolor en las entrañas de la tierra, he recordado un hermoso poema de Rosalía de Castro, titulado: Una sombra tristísima, indefinible y vaga ...

Una sombra tristísima, indefinible y vaga
Como lo incierto, siempre ante mis ojos va
Tras de otra vaga sombra que sin cesar la huye,
Corriendo sin cesar.
Ignoro su destino...; mas no sé por qué temo
Al ver su ansia mortal,
Que ni han de parar nunca, ni encontrarse jamás.

21 julio 2005

No te salves

Vacio

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

(Mario Benedetti)

10 junio 2005

Ser padres

Abbi    Medina

Recuerdo que así se llamaba una revista que se suponía enseñaba a las parejas en qué consistía eso de la paternidad. Es posible que de este modo algunos aprendices de padres llegaran a saber algo respecto a las labores más inmediatas que debían realizar con sus hijos recién llegados. Sin embargo, ninguna revista puede enseñar en qué consiste la paternidad responsable.

La mayoría de personas que conozco tienen hijos y la mayoría se asombran de que algunos seres hayan decidido no tenerlos. La mayoría de personas que conozco responden con tópicos a la pregunta de por qué tienen hijos. Es más, les parece una pregunta absurda, piensan y dicen que es lo natural y que por tanto no necesitan razones para ello.

Siempre me ha costado hacer algo sin tener razones para hacerlo, sobre todo si se trata de crear una vida nueva, de incorporarla a este mundo presente y al futuro, de responsabilizarme de su cuidado y de su formación.

He conocido muchísimas personas con hijos a lo largo de mi vida y, sin embargo, sólo dos de esas personas me ha parecido que ejercían una paternidad responsable. La irresponsabilidad comienza muchas veces en la elección de la pareja que se convertirá en madre o padre del futuro hijo. Con mis amigos he hecho la prueba a veces de preguntarles si hubieran querido tener como padre o madre a alguien como su pareja. Como la respuesta casi nunca ha sido positiva, me pregunto cómo pueden querer para sus hijos un padre o una madre que no querrían para sí mismos. La irresponsabilidad continúa demasiadas veces con la procreación casual o no deseada o con la utilización de un nuevo hijo en un vano intento de salvar lo insalvable.

Dicha irresponsabilidad no mejora demasiado en algunos (no todos, por supuesto) casos de paternidad por adopción: las modas y el mercado han convertido la adopción en un negocio en el que demasiadas veces los niños (de nuevo) acaban siendo los perjudicados.

Mis dos ejemplos de paternidad responsable se llaman Mònica y Diego. Mònica tiene dos hijos; Diego tiene uno por el momento y tendrá otro dentro de muy poco tiempo.

Conocí a Diego hace ya bastantes años, formaba parte de un grupo de estudiantes a los que recuerdo con especial cariño por la estrecha relación que se generó entre ellos y yo. Volví a encontrarlo varios años después y ahora somos amigos y compañeros de trabajo.

Hace dos años me sorprendió con la noticia de que su mujer y él habían iniciado el proceso legal para adoptar un niño etiope. Meses después Diego nos enviaba por e-mail una foto de Abbi, su futuro hijo, foto que le habían hecho llegar desde el orfanato. Recuerdo bien su ilusión y nerviosismo de los días previos a su viaje a Etiopía para recoger a su hijo, y recuerdo aun mejor la primera vez que vi a Abbi, sus ojos enormes, su sonrisa, su vitalidad y su alegría.

Hace pocos meses Diego me habló de un proyecto hermoso iniciado por un conjunto de padres que adoptaron en su día niños etíopes. El proyecto es ambicioso e interesante: han creado una asociación llamada AfNe, Asociación de Familias de Niños y Niñas de Etiopía, Afne_1 dirigida a "todas las personas interesadas por la infancia en el tecer Mundo, a las familias adoptantes en Etiopía y a todas las personas interesadas en iniciar el proceso de adopción, pero también por extensión a todos aquellos interesados en el mundo de la adopción y de la infancia en general".

Interesados no sólo en la adaptación de sus hijos al medio en el que viven actualmente sino también en que conozcan sus orígenes y los mantengan vivos en su memoria, estas familias se reúnen periódicamente para compartir tiempo, juegos, inquietudes y proyectos.

Su proyecto más ambicioso consiste en la creación de un orfanato en Etiopía, un proyecto con el que pretenden ayudar no solamente a los niños y niñas de ese país sino también al resto de habitantes del lugar en el que finalmente se construya el orfanato.

Cualquiera que desee contribuir a este proyecto puede hacerlo ya sea como socio colaborador o como socio adoptante. Mis mejores deseos para todos ellos.

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(Fotos extraídas de aquí)

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Agradezco muchísimo a Chusbg que haya escrito un hermoso post (Martes 14 de junio) titulado "Padres e hijos" en El duende de los extravíos a partir de este texto. Y le agradezco más todavía el honor que supone compartir la dedicatoria de ese post con su hija. Gracias otra vez.

01 junio 2005

Tierra de náufragos

Naufragos_1   Naufragos2_1

"El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad" (Albert Einstein)

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Podría parecer el guión de una película pero no lo es: la realidad nuevamente supera a la ficción.

"88 inmigrantes ecuatorianos y peruanos abandonados a su suerte en el Pacífico son rescatados gracias a un mensaje lanzado en una botella. Cada uno de ellos había pagado 3.000 dólares a los traficantes de inmigrantes que les habían prometido llevarles hasta Estados Unidos. Entre los náufragos se hallaban 18 mujeres y al menos cinco menores de edad".

El final feliz de la historia no le resta gravedad, estamos ante un nuevo caso de tráfico humano, lo que algunos consideran la flagrante esclavitud del siglo XXi.

Los expertos en el tema reconocen que el tráfico humano se ha convertido en un fenómeno global y que merece la misma consideración que el tráfico de drogas o de armas. Alrededor de 900.000 personas al año son víctimas de tráfico humano. Según UNICEF la mayoría son niños, para ser utilizados como soldados o para someterlos a situaciones de esclavitud o de prostitución.

No es la primera vez que los traficantes de seres humanos los abandonan a su suerte en alta mar. No es tampoco la primera vez ni será la última en la que la maldad humana se nos muestra en toda su crueldad, actuando sobre los más débiles, amparada por todos aquellos que la permiten y la aceptan cada vez que desvían su mirada de ella.

Desgraciadamente, estamos ante lo que Manuel Altolaguirre llamaba: "el dolor, la maldad: la verdad humana".

LA VOZ CRUEL

Alzan la voz cruel

los que empujaron por el declive pedregoso

la carne ajena,

quienes debieron ser almas de todos

y se arrancaban de ellos mismos

cuerpos parásitos

para despeñarlos.

Mil muertos de sus vidas brotaban,

mil muertos solitarios

que miraban desde el suelo,

durante el último viaje,

la colosal estatua a la injusticia.

No eran muertos,

eran oprimidos,

seres aplastados,

ramas cortadas de un amante o de un padre,

seres conducidos por un deseo imposible,

topos de vicio

que no hallarán la luz

por sus turbias y blandas galerías.

Alzan la voz cruel

quienes no vieron el paisaje,

los que triunfaron

por la paz interior de sus mentiras.

¡Oh mundo desigual!

mis ojos lloran

el dolor, la maldad:

la verdad humana.

19 marzo 2005

Encuentro

         La nieve había huido definitivamente en el momento en que traspasé el horizonte de tu existencia. Probablemente yo no existiera hasta ese instante o quizás desexistiera. Demasiados ojos me habían mirado, demasiadas bocas me habían alabado y demasiadas manos habían acariciado el cristal transparente que las separaba de mi piel. Pero sólo en el momento en que las dos alas de cuervo dirigieron su mirada deseante a la forma de mi cuerpo y las dos manos de mármol blanco lenta y cuidadosamente acariciaron mi piel, sólo en ese momento sentí que iba a existir.

         La paloma de mi miedo huyó al abandono definitivo al darse cuenta de que con mi existencia dejaría de existir, pero una nueva paloma vino a ocupar su lugar. Ahora se trataba de pasar la prueba definitiva de presentarnos ante ti. Me preguntaba cómo me acogerías, qué te parecería mi delgado aunque bien formado cuerpo, y mi piel estratégicamente moteada. Pensaba que si delicadamente destapases mi rostro quizás te gustara.

         En el camino hacia el lugar desconocido en el que había de tener lugar nuestro primer encuentro me sentía agobiada, claustrofóbicamente encerrada, aunque de vez en cuando un delicado trozo de mármol blanco posaba sus dedos sobre mí y me acariciaba con cariño. Las dos alas de cuervo ya me amaban, sólo faltabas tú, Caballero inconquistable.

         Llegamos al fin, tarde pero ilusionadas, a tu casa y no te vi al entrar. Estaba todo aún demasiado oscuro y lo único que pude oír fue una dulce voz que parecía murmurarte delicadas palabras. Me pareció oír también un beso ahogado, todavía no sentí celos. Volví a encontrarme entre mármol blanco y creí ver una rendija de luz a lo lejos. La pequeña rendija fue haciéndose cada vez mayor, ahora ya te veía, te estaba viendo. Tu expresión era casi sonriente, expectante, aún no me veías.

         La voz continuaba sonando en un tono dulce, quizás era música lo que se oía al fondo. Surgí finalmente apenas sé de dónde y entonces sí me viste, me miraste, sé que me admiraste, confirmaste con tu mirada las alabanzas que en ese instante estabas dedicando a mi cuerpo, y llegaste incluso a acariciar mi piel. Me sentía palpitante, casi feliz, no dejaba de mirarte. Había oído que te gustaba escribir y yo siempre soñé con que alguien como tú me poseyera. Lentamente destapaste mi rostro y te parecía muy hermoso. Cada vez desde más abajo te fui mirando y por fin comencé a existir. Me sentí amada hasta tal punto que ante tus caricias un movimiento casi orgásmico se produjo en mí, y sentí entonces como un líquido casi incesante fluía de mi interior.

         La voz dulce preguntó: “¿Te gusta el regalo?” Pluma_3

         Tú contestaste: “Me encanta, escribe muy bien, aunque al principio las Waterman siempre sueltan demasiada tinta”.

         Feliz y enamorada sigo aquí, convertida ya en “tu pluma” y existo y escribo sólo para ti.