09 abril 2008

Despedida y cierre

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Hace meses seguramente que debería haber puesto estas palabras, porque de hecho este espacio lleva cerrado mucho tiempo.

Hoy he comprendido que había llegado el momento de cerrar las puertas, de poner candados a este tesoro que para mí ha sido este blog durante algunos años.

El adiós a mi madre ha cambiado muchas cosas en mí y se impone también empezar una nueva etapa, tal vez un nuevo blog.

Gracias a todos los que habéis estado ahí siempre, animándome a escribir, leyéndome, compartiendo pantalla, sensaciones, sonrisas y también muchas de mis lágrimas.

Al lado del candado os dejo la llave para que entréis cuando queráis, para que os sentéis en algún recodo del camino y descanséis, para que caminéis por mi interior, por mis palabras y por mis silencios.

Gracias ahora y siempre. Hasta ahora, hasta siempre.

       

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07 junio 2007

Don Enrique

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"Una estrella brilla en la hora de nuestro encuentro" (J.R.R. Tolkien)

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Ya no podré decir que todos mis muertos son de otoño: ayer la vida y la muerte se me llevaron a otro amigo del alma: Enrique Fuentes Quintana, mi queridísimo Enrique, mi admirado Profesor.

En esta larga noche del alma en la que me encuentro en este último año, la desaparición de un amigo así, de un ser imprescindible, se convierte de nuevo en un tatuaje doloroso y permanente.

Don Enrique (así le llamé siempre y él sonreía al oírlo) forma parte de mí y ha formado parte importante de mi vida. En lo profesional ha sido y será siempre un referente: leyéndole y oyéndole resultaba fácil entusiasmarse con la Economía. Para siempre quedan ya sus textos, sus libros excelentes, con ese cuidado y esmero de quien ama la palabra y el conocimiento.

En lo personal, mi Don Enrique es y será siempre un amigo inolvidable, cercano, amable, tierno e imprescindible. Sus hermosísismas cartas, que hoy vuelvo a leer entre lágrimas, forman parte de la piel de mi alma. Sus sonrisas, escasas y escogidas, se mezclan hoy con el llanto de mis ojos cansados. Su voz, ese trueno hermosísimo que nada ni nadie pudo nunca acallar, suena hoy en mi recuerdo paseando dulcemente por tantos lugares y momentos compartidos.

Nuestro será ya para siempre aquel paseo con caricias de viento en torno a la Torre de Hércules, aquella luna sitgetana de una noche de mayo, y aquellas cenas y risas compartidas con amigos ya desaparecidos en Menorca. Nuestras serán ya para siempre las charlas interminables, el dolor compartido, los sueños, los lugares comunes, la ternura, el silencio, y el cariño eterno. Nuestras serán para siempre las campañas luchadas dentro del corazón.

Al guerrero que él siempre fue le debo hoy la fortaleza que no tengo, la alegría que no sé dónde buscar, las palabras hermosas que intento escribir. Al luchador que él siempre fue le debo hoy seguir peleando por la verdad, por la coherencia, por la justicia. Al magnífico profesor que él siempre fue le debo hoy seguir creyendo en la docencia, en el amor por las obras bien hechas.

En este momento de adiós regresa al pensamiento apenado toda la vida compartida, que es mucha, y entre las lágrimas que no puedo ni quiero controlar asoma una sonrisa, la que él (lo sé) me reclama en este momento, esa sonrisa que forma parte de mí y de mi mirada, según él siempre decía.

Allá donde estés, mi queridísimo Don Enrique, te llegarán cada 13 de diciembre esas rosas rojas que año tras año te hacían decir sorprendido:¡te has acordado! ¿cómo podría olvidarme? Gracias, queridiño, por tanta vida que me has regalado.

16 junio 2005

Con Marco Polo por la ruta de los sueños

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A Juan, por haber bebido del grial

Hay personas que forman parte de nuestras vidas y otras que forman parte de nosotros. Las primeras pasan por nuestra vida y a veces hasta permanecen un tiempo, pero luego poco o nada queda de ellas en nuestro interior. Las segundas, sin embargo, pueden apenas compartir tiempo real con nosotros pero están en nuestro interior, y cuando las vemos es como si el tiempo no hubiera transcurrido, todo fluye de forma natural, desde lo mejor de nosotros mismos.

Mi amigo Juan (Marco Polo) es uno de esos seres que forman parte de mí. Le conocí hace veintitrés años en la antesala de un despacho. En un calurosísimo verano barcelonés ambos esperábamos a ser recibidos por su director de tesina que al tiempo era mi director de tesis. En aquellos días comenzamos a poner los irrompibles cimientos de una amistad que vivirá más allá de nosotros. Durante años compartimos risas, alumnos, tediosas reuniones que Juan, con su sentido del humor incomparable, convertía en momentos de carcajadas contenidas. Durante años formamos un equipo docente tan maravillosamente compenetrado como nunca he vuelto a conseguir con ningún otro compañero. Y lo que es más importante: en estos veintitrés años de amistad ni una sola vez, ni una, hemos vivido un desencuentro, una discusión, un enfado. A pesar de tener opiniones muy diferentes respecto a determinadas cuestiones, siempre hemos estado de acuerdo en lo esencial. Él es y ha sido siempre un ser comprometido y culto, con esa cultura carente de pedantería que caracteriza a los seres verdaderamente inteligentes, con esa sencillez propia de los seres de enorme profundidad interior.

Desde hace muchos años Juan es, como Marco Polo, un viajero infatigable, y algunos de sus viajes han sido verdaderamente peligrosos, arriesgados desde numerosos puntos de vista: a veces por viajar a países prohibidos, y otras por el riesgo físico de algunas de sus aventuras. A través de sus apasionados relatos he podido vivir el peligro en Corea del Norte, el dolor humano en Darfur, la belleza somalí, noches gélidas en el desierto y viajes imposibles en cualquier medio de transporte. Su mirada inteligente y humana me ha mostrado universos distintos a los que nos narra la prensa diaria, a los que nos muestran las guías de viajeros.

Una noche de hace doce años tuve un sueño inquietante y hermoso: me veía a mí misma en una sala de hospital y en otra camilla cercana estaba mi amigo Juan inmóvil, como sin vida. Los médicos se movían a su alrededor hablando en voz baja mientras sus rostros reflejaban la gravedad de su situación. Yo me acercaba a él con cuidado y le miraba, su expresión era plácida pero lejana, como si una parte de él ya no estuviera con nosotros. Un dolor atroz se instaló en mi corazón y pregunté a los médicos qué se podía hacer para salvarle; ellos respondieron que no era posible hacer nada. De pronto apareció alguien más en la sala, iba vestido como el resto de los médicos pero no tenía la misma expresión que ellos sino un rostro cálido que inspiraba confianza. Me acerqué y le pregunté si había algo que se pudiera hacer; él me miró y preguntó: ¿Qué estás dispuesta a hacer? Lo que haga falta, respondí. Me pidió que me tumbara en una camilla al lado de la de mi amigo y me explicó que había una única posibilidad: un líquido mágico cuyo frasco de un color blanco lechoso me mostró. Aquí está su única posibilidad de salvación, me dijo, pero para ello es preciso que ambos bebáis de él, media dosis cada uno pero has de saber que también tú puedes morir en el intento. Dije que sí sin dudarlo; él puso una dosis del líquido repartida en dos cucharas y nos dio una a Juan y otra a mí. Cerré los ojos y … me desperté.

Recuerdo que al despertar me vino a la mente el sueño de una forma muy lúcida pero luego ya no pensé más en él. Muy pocos días después me llamó Juan para explicarme que había tenido un accidente gravísimo: una placa de hielo le había aplastado la cara y había estado en coma durante varios días en un hospital suizo. Recuerdo su rostro cuando volvió a España: ecce homo era lo que aquella cara surcada de heridas sugería; no queda ahora mismo ni rastro de aquellas heridas en su rostro risueño. Mientras me narraba su accidente y sus días en coma recordé mi sueño y se lo conté. Asombrados los dos, nos dimos cuenta de que el momento en que él salió de un coma que todos los médicos daban por irreversible coincidía exactamente con el día y la hora de mi sueño.

Comprendí en ese momento una hermosa frase que leí hace tiempo: “Cada hombre, cada caballo, cada carro tiene su destino, y el tuyo y el mío están unidos para siempre” (Maggi Liddchi-Grassi: La batalla del kurukshetra).

31 marzo 2005

Renacer

Renacer

Desea el sol eternizar su presencia

Es tiempo de estío

En mi interior sólo un rayo de hielo.

Huellas del vuelo del amor en mi entorno

Ninguna en mi piel huérfana

La habitan sólo surcos de ausencia.

Deseos altivos reclaman su hora

En mis labios se ha parado el tiempo

A mi alrededor una ciega luz

Sólo mis ojos se cierran.

Voces que proclaman su feliz comienzo

En mi horizonte sólo silencio

Risas que pretenden ser eco del cielo

Golpea la tristeza

Desciendo al infierno.

Paseo solitaria por sus grises mares

Playas de dolor, negra arena de incienso

Consumo mis horas, hablo con los muertos

Pregunto al barquero

Me responde el viento.

Consulto al oráculo de la negra sombra

“Los siete colores. Iris es su dueña”

Desde las alturas miro mis cenizas

Alas de arcoiris

He emprendido el vuelo.

06 diciembre 2004

Los siete rayos

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Huí de la soledad que habitaba y deseé concluir mi silencio. Abandoné el peligro de mis ojos cerrados, quise encerrar al sol en una de mis lágrimas y de su complacida prisión nacieron siete rayos que cubrieron mi cuerpo.

El rayo violeta inundó mis ojos y supe que la inteligencia lloraba a través de ellos, y tal vez era tan grande su dolor que necesitaba dos hogares.

El rayo añil recorrió hambriento el cálido laberinto de mi pecho y supe que la paciencia necesita ser alimentada.Lapices 

El rayo azul reposó su inquietud sobre mi espalda y supe que el camino de la voluntad y la fuerza es largo y empinado.

El rayo verde se perdió en su juego entre los dedos de mis manos, saltando en su huida de uno a otro y supe que la ilusión es efímera y fugaz.

El rayo amarillo derribó con amoroso cuidado la fortaleza de mi vientre y supe que la confianza precisa ser gestada lentamente.

El rayo anaranjado se posó sobre mis pies y caminó con ellos y supe que sólo yo puedo controlar el paso de mi felicidad.

El rayo rojo paseó su impaciencia por mis labios, que cómplices se abrieron a su paso, y supe que sólo de la ternura puede nacer la sonrisa.

21 septiembre 2004

Verde, amarillo, anaranjado y rojo

Hoy, mientras contemplaba la oscuridad amenazante de unas nubes migrañeras, decidí abrir de nuevo mi libro mágico, y recordar el significado de los cuatro colores restantes, de los cuatro mundos restantes del Arcoiris.

Busqué la página en la que me detuve la última vez y desde el azul me sumergí dulcemente en el verde ...

“... La inteligencia, la fuerza y la paciencia encuentran su recompensa en el cuarto color del espectro Trebol_1
solar y cuarto mundo de Arcoiris: el verde, el mundo del equilibrio y de la ilusión. Su elemento es el Aire y su estación el Otoño. El mundo verde es la Justicia, la necesidad de un pensamiento equilibrado y la
necesidad de una resolución imparcial. Verde es el color de la fruta no madura, de la ilusión por conseguir algo aún no alcanzado, es el color de la esmeralda y de la hierba fresca.

Si accedes al mundo verde del equilibrio y la ilusión comprenderás que allí están permitidos los sueños y que con los elementos de los tres mundos anteriores la ilusión siempre pervive..."

Amarillo
" El amarillo es el tercer color del espectro solar y del quinto mundo de Arcoiris: el mundo de la confianza, un mundo cuyo elemento es el Agua y su estación el Verano. Amarillo es el Mago y muestra la confianza en todo aquello que aún no se ha manifestado, la capacidad de utilizar el potencial propio. Amarillo es el color del jazmín y de la flor de la retama, es la siempreviva que conduce hasta el séptimo mundo."

"... A través de la confianza llegarás al mundo anaranjado de la felicidad, segundo color del espectro Anaranjado_1
solar y sexto mundo de Arcoiris. Su elemento es el Aire y su estación la Primavera. Es un mundo más difícil de conocer y de atravesar pero su recompensa es la claridad, el optimismo, la confianza renovada y la armonía interna.

El mundo de la felicidad puede ser, como la naranja, suave en su piel y amargo a veces en su interior. Pero anaranjado es también el Sol y el cielo que lo circunda en el adiós del crepúsculo. La felicidad no sería posible sin los cinco mundos anteriores, cada uno de ellos es un pequeño gajo de la naranja final, un pequeño rayo de sol al atardecer..."

"... El violeta como base, el añil con su claridad de fuerza, el azul con su templada paciencia, el verde Sonrisa_3
con su ilusionada inmadurez, el amarillo con su dorada confianza luminosa, y el anaranjado del amargo y reluciente sol de atardecer, conducen al primer color del espectro solar y séptimo mundo de Arcoiris: el mundo rojo de la sonrisa. Su elemento es el Fuego y su estación la Primavera. El rojo es el Emperador y muestra la decisión, la fuerza de voluntad, el autoconocimiento adquirido por la experiencia. Rojo es el color de vida por excelencia, el color de la sangre, rojo es el fuego, roja es la brasa encendida, roja es la cereza al madurar y rojos son los labios que enmarcan la sonrisa..."

Después de leer esto cerré los ojos mientras una sonrisa bailaba en mis labios. Y comencé a soñar que caminaba por cada uno de los colores ...

15 septiembre 2004

Violeta, añil y azul

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Esta mañana he vuelto a abrir el libro que el Arcoiris me dejó como regalo, el libro escrito con polvo de estrellas, y he continuado leyendo...

"El primer mundo de Arcoiris es el mundo violeta, el mundo de la inteligencia. El violeta es un color de invierno, nace de la tierra, se gesta en ella lentamente. Permaneciendo un tiempo en este primer mundo aprenderás lo necesario para ir a cualquiera de los otros seis. El mundo violeta es la Rueda de la Fortuna, el principio de un nuevo ciclo, el camino hacia el progreso. Cualesquiera que sean las vueltas de la rueda, el resultado es siempre el crecimientoVioletas_2

El violeta es el séptimo color del espectro solar y también la puerta de los siete mundos del reino de Arcoiris. La inteligencia es sobre todo una actitud hacia todo lo que nos rodea. Es una actitud de amor, de comprensión, una puerta hacia el avance, hacia el progreso. Es como el anuncio de una promesa, una ampliación de nuestros horizontes. Si no somos capaces de abrirnos sin egoismo a las cosas y las personas que nos rodean, tampoco sabremos cómo tratarlas. Si no somos capaces de abrir la puerta de la inteligencia, es que no podemos vivir en Arcoiris.

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Si después de pasar un tiempo en el mundo violeta eres capaz de desprenderte de todo egoísmo y de abrir la puerta de la inteligencia, podrás entonces acceder al segundo mundo de Arcoiris: el mundo de color añil, el mundo de la fuerza, de la voluntad. Su elemento es el Aire y su estación el Invierno. Añil es el Mundo, el Grande de la Noche de los Tiempos, la consecución de una meta que ha sido muy trabajada.

El color añil te hará comprender que cuando algo se desea intensamente es preciso luchar con fuerza para conseguirlo aunque no estés seguro de poder alcanzarlo.

Si, traspasada la puerta de la inteligencia, has logrado que la voluntad y la fuerza penetren en ti, podrás entrar en el tercer mundo de Arcoiris: el mundo azul de la paciencia. Nacida también en el invierno Azul_1
interior, la paciencia es, sin embargo, fuego de vida, sendero de luz. El azul es la Templanza, la Hija de los Reconciliadores. Te mostrará la buena dirección y te dará la capacidad de adaptarte a las circunstancias. Azul es el cielo infinito, azul es a veces el agua del mar..."

Envuelta en azul he cerrado el libro para disfrutar otro día de los cuatro colores restantes ....

12 septiembre 2004

Al final de la tormenta

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Mientras oigo los truenos desgarrando el silencio de esta noche pienso que sin duda este escenario de tormenta me lo han regalado hoy los dioses para que pudiera hablar del Arcoiris, del Arco de Iris, y de lo que es más importante: de su sonrisa.

En una ocasión, hace ya mucho tiempo, tuve la oportunidad mágica de ver sonreír al Arcoiris. Yo, como tantos otros, no creía que eso fuera posible. Sin embargo, aquel día el Arcoiris apareció en el cielo cuando ya parecía imposible que pudiera hacerlo, y sus colores, su siete colores eran especialmente luminosos, tanto que no pude resistir la tentación de saludarlo y sonreir.

Y entonces la magia apareció de nuevo y pude ver una sonrisa a siete colores, la sonrisa más luminosa que jamás haya contemplado. A través de aquella magnífica sonrisa surgió una no menos magnífica voz que me susurró:

- Gracias por tu sonrisa. Mira en tus manos y podrás ver el regalo que he dejado para ti.

Miré mis manos y encontré un libro luminoso escrito con polvo de estrellas. El libro decía lo siguiente:

- "Entre tus manos tienes, lector, una obra de la que te has hecho merecedor: este libro escoge a sus lectores y tú eres un elegido. Aquellos que te han escogido te saludan: sé bienvenido a la luz, a la paz y al conocimiento.

Desde más allá del comienzo de los tiempos existe el reino de Arcoiris en que siempre hubo paz. Siete mundos componen este luminoso reino, siete pequeños mundos que jamás lucharon entre sí.

Todo aquel que llama a las puertas de este reino sabe que éstas se abrirán y que a través de ellas puede acceder a cualquiera de los siete mundos. Se le muestra el camino iniciático, un camino que comienza con el invierno, continúa con el otoño, pasa por el verano, y termina en la primavera. Le acompañan en este recorrido la tierra, el aire, el agua y el fuego.

El primer mundo de Arcoiris es el mundo violeta, el mundo de la inteligencia ..."

Arcoiris


Apenas podía creerlo: el Arcoiris no sólo me había hablado y sonreído sino que además había dejado en mis manos aquel hermosísimo regalo.

Cerré el libro escrito con polvo de estrellas y un manto de noche cubrió sus páginas y mis párpados. Ante mí aparecían siete mundos magníficos, y él, mi Arco Iris, acababa de abrirme su puerta. Al día siguiente seguiría leyendo... De momento fui hacia el sueño envuelta en un mundo violeta...

Ahora mismo acaba de cesar el desgarro del trueno en mi línea del horizonte. Es noche cerrada y por tanto no puede visistarme mi Arco mágico, pero nada impide que aparezca en mis sueños.