(Dedicado a Judith -Mixina- en su camino hacia la luz)
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Estaba sentado en un banco del parque y sentía que el sol quemaba su nuca despiadadamente. Le costaba muchísimo abrir los ojos pero la sensación de que alguien le observaba de forma insistente hizo que se incorporara violentamente incluso a su pesar y se oyó decir, sin saber a quién iba dirigida su pregunta:
-¿Quién eres tú?
Y sorprendentemente surgió de inmediato una respuesta, antes incluso de poder averiguar de dónde provenía.
-No soy más que tu sombra.
Ahora sí que abrió los ojos completamente y vio que en efecto allí estaba su sombra. Sin saber por qué se sintió molesto por lo absurdo de la situación.
-¿Por qué me mirabas de ese modo? –preguntó sintiéndose cada vez más agresivo.
La voz de sombra volvió a oírse y con un tono ligeramente burlón respondió:
-No sé de qué modo de mirar hablas. Me limitaba a observarte.
-Y ¿qué veías?- preguntó casi intrigado.
-Veía a un hombre irritado e inquieto que entraba y salía de ti –respondió con un tono casi triste.
-Eso es absurdo –dijo el hombre-, y levantándose del banco comenzó a caminar apresuradamente.
-No me que queda más remedio que seguirte- dijo la voz de sombra.
Llegaron finalmente a una casa y entraron ella. El hombre encendió una lámpara y se dejó caer pesadamente en un sofá. Se sentía cada vez más desasosegado.
-¿Qué me ocurre? –se preguntó a sí mismo en voz alta.
-Nada que no pueda resolver tu parte luminosa –respondió la sombra.
-¿Qué sabrás tú de partes luminosas, maldita sombra? –dijo el hombre, furioso, al tiempo que lanzaba un objeto contra la sombra.
Se oyó entonces una risa profunda y oscura que decía: No intentes hacerme daño de esa forma. Aún no has comprendido que no existe ningún modo de herirme. En cuanto a saber o no de partes luminosas, ¿quién mejor que una sombra puede hablar de la luz?
-¿Eres de verdad mi sombra? –preguntó el hombre algo asustado.
-Soy tu sombra, soy tú mismo y existo contigo, e incluso a pesar tuyo.
-Si de verdad eres mi sombra, te tengo en mi poder. Puedo hacerte desaparecer cuando quiera.
-Estás equivocado nuevamente. Nos has visto ni comprendido nada de lo que he dicho. Soy tu sombra efectivamente pero no puedes hacerme desaparecer. Todo lo que puedes conseguir es sólo dejar de verme pero yo sigo existiendo.
-¿Qué tienes tú que ver con la luz y por qué has hablado de mi parte luminosa?
-Para entenderlo bastaría con que abrieras tus ojos y fueras además capaz de ver. Pero voy a explicártelo a pesar de todo. Verás, la sombra sólo puede verse cuando hay luz. Luz y sombra son la misma cosa, de la misma forma que tú eres al mismo tiempo tu parte oscura y tu parte luminosa.
-¿De cuál de ellas eres tú la sombra?
-De ambas, aunque sólo aparezco con la luz. En cierto modo, yo soy como tu parte luminosa, esa que ya empieza a apoderarse de ti nuevamente.
-¿Cómo sabes eso?
-Porque has dado el primer paso, te has interesado por ella, o lo que es lo mismo, la has llamado aunque con voz trémula. Y ella ha acudido, es fácil para ella acudir, siempre está al acecho.
-¿En qué te pareces tú a mi parte luminosa?
-En que no puedes destruirnos ni a ella ni a mí.
El rostro del hombre se transformó en unos instantes en una expresión dura, y su boca dijo: -Puedo destruiros a ambas. Me basta con destruirme a mí mismo.
-¡Pobre estúpido! Te equivocas nuevamente. Sólo de tu parte oscura pueden haber salido esas palabras. Abre los ojos de nuevo y escucha no con tus orejas sino con tus oídos y cuando hables hazlo no con tu voz sino con tu garganta. Deja que sea tu interior el que actúe y libérate de ese absurdo disfraz de hombre pensante. Te mostraré por qué no puedes destruirme aunque en cierto modo dependa de ti.
El hombre, irritado hasta el límite, acercó su mano al interruptor de la lámpara y amenazó diciendo:
-Voy a apagar la luz y así por lo menos conseguiré que desaparezcas.
-Hazlo si eso es lo que desea tu parte oscura. No podrías escoger un mejor ejemplo para lo que quiero mostrarte. Apaga ya y hasta pronto –rió la sombra.
No podía más. Estaba tan molesto como intrigado. Apartó la mano del interruptor y dijo:
-Tú ganas, maldita sea. Habla ya y tal vez así pueda salir de esto. No te interrumpiré hasta que acabes.
-Está bien, enfoca tus ojos y abre bien tus oídos. Yo, tu sombra, voy a hablarte desde la luz, porque, como ya te he dicho, ambas somos lo mismo. Si tú hubieras accionado el interruptor hace un instante, habrías obedecido a tu lado oscuro y habrías hecho desaparecer la luz de tu interior y también la de este cuarto. Con ello hubieras hecho desaparecer por unos instantes tu lado luminoso y también a mí, tu sombra. Pero eso no significa que nos hubieras destruido, nosotras seguiríamos aquí, acechando, esperando el momento justo para volver a la luz. En el mismo instante en que el poder moviera tu mano hacia el interruptor nuevamente, volveríamos a aparecer. Por esa razón te decía que en cierto modo dependo de ti.
Pero también he dicho, lo sé, que no puedes destruirme ni siquiera destruyéndote a ti mismo. Verás, el poder de tu disfraz de hombre pensante es muy limitado. El máximo que puede alcanzar ese poder es el de quitarte la vida, es decir hacer jirones tu disfraz. Sin embrago, fíjate, aunque ahora mismo tú murieras, yo seguiría existiendo. Sería, eso sí, la sombra de un muerto, pero también los muertos tienen sombras, hasta sus tumbas la tienen. Y respecto a tu parte luminosa, todavía tiene menos poder sobre ella tu disfraz de hombre irritado y pensante. Tú puedes accionar todos los interruptores del mundo pero no puedes apagar el poder de la Luz, de la misma forma que tampoco puedes destruir completamente tu parte oscura, porque mientras exista luz existirá oscuridad. Todo lo que puedes hacer es caminar impecablemente por el camino que el poder ha escogido para ti. Y ese es el camino de la luz. Por eso te está hablando tu sombra.
No temas nada mientras yo esté a tu lado, pero eso sí ¡teme por tu parte luminosa si algún día el poder te aparta de mí! Hay muchos humanos que no tienen sombra y por tanto no tienen luz. Y lo peor es que, como tú antes, creen que esa mancha oscura que imita a la perfección sus gestos es su sombra, y, como tú antes, creen que tienen poder sobre ella. Ya es suficiente, acabo de ver una estrella de luz reflejada en tus ojos y es hora de que el sueño descanse en ellos. Será mejor que apagues la luz.
-Está bien –dijo el hombre-, pero por favor no te vayas.
-Duerme –dijo la sombra-. Estaré aquí a tu lado hasta que el poder lo desee.